Porque fueron muchos años…

Estoy convencido de que la vida, ademas de hermosa, es efímera, y dentro de unos cuantos años seremos solo polvo en el viento y en el olvido, y solo nos llevaremos las experiencias internas hacia donde quiera que nuestra conciencia vaya después del Gran Umbral.

Así que prefiero decirlo en esta vida, mientras se puede. 

Ultimamente hemos estado hablando. Y esas conversaciones, y todo lo que ha girado en torno a ellas – palabras escritas y habladas, imágenes – me llevan a decirte que se me han movido cosas muy profundas en mi interior, que aunque son hermosamente desconcertantes, no me siento preparado para sentir en este momento de mi vida. Si, en este preciso momento de mi vida en donde tengo tanto que crear, que hacer, que resolver, y en este preciso momento de mi vida en el cual tengo que dar lo mejor de mi para tener un vida en paz, y digna. En donde una pequeña alma nueva necesita de mí mas de lo que cualquiera pudiera imaginar y me aterroriza la idea de fallarle. Me da pavor faltarle, y repetir historias. 

Tengo temor de perder mucho de lo que he ganado en ecuanimidad y estabilidad emocional… y me he sorprendido sintiendo desasosiego, inquietud, dulce pasión en sueños… y necesito mi paz. Se que entenderás lo que quiero decir.

Por ultimo, aunque vivamos vidas diametralmente opuestas… aunque pase el tiempo y llegue el final… estoy casi seguro de que llegaré con una sonrisa en el rostro. Y tu, estarás en ella.

Y deseo con una rabiosa, triste y dulce intensidad, que seas inmensamente feliz, madre de dos de mis hermosos hijos.

Decido desterrar de mi memoria para siempre las cosas terribles para solo dejar las hermosas y llevármelas en mi viaje por el tiempo.

Porque… fueron muchos años.

Anuncios

Deja un comentario

Archivado bajo Uncategorized

Sobreponiéndose a uno mismo

Sobreponiéndose a uno mismo

Aún recuerdo vivamente, como si hubiera sido ayer, una escena de mi infancia que me marcaria para siempre, pues lo entonces ocurrido “programó”, por decirlo de alguna manera, mi psique a un nivel tan profundo, tan enraizado y por desgracia, tan duradero, que ejercería un efecto paralizante y atemorizante en casi todas las áreas de actividad durante mi vida adulta.

Tendría yo aproximadamente once años y fui con mi familia – entre quienes se encontraban varios tíos y primos – a un paseo al campo en las montañas del estado de Sonora. Recuerdo que hacía frío, y como suele suceder cuando se es  hijo único menor varón en el “clan” familiar, fui víctima constante  durante todo el paseo, de los agobiantes cuidados de una madre sobreprotectora quien, con sus eternas preocupaciones permeadas de buenas intenciones y amor, me abrigaba con capa tras capa de cuanto objeto de tela encontraba a su alcance.

Mis tíos y primos observaban divertidos, haciendo bromas respecto a cómo mi madre llegaba al extremo de calentar las paletas de hielo supuestamente “para que no me enfermara”. Semejantes despliegues de cuidados y sobreprotección fueron coronados, en ese fatídico paseo, por ciertas palabras pronunciadas por uno de  mis tíos, mi tío Manuel, a quien en ese entonces veía yo como una figura masculina de gran e incuestionable autoridad en mi círculo familiar, y quien desafortunadamente pronunció una frase, con su muy particular estilo de humor ácido, corrosivo y mordaz, y sin la menor conciencia (a pesar de su preparación académica, pues era un reconocido arqueólogo y antropólogo) del efecto que sus palabras tendrían en la personalidad de un niño de once años en las próximas tres décadas. Una frase breve, pero de efecto duradero y muy destructivo, que aún recuerdo con todos sus matices:

“…Carlitos, eres una nulidad!”

Una nulidad. Alguien sin valor intrínseco, sin autonomía, sin la capacidad de auto gestionarse y resolverse. Lo entiendo ahora – 30 años después – pero mi querido y admirado tío Manuel no viviría lo suficiente para apreciar en toda su magnitud el efecto que la semilla de sus palabras, sembradas en el fertilísimo terreno de la mente de un niño de tan solo once años, tendría en mi vida adulta.

No pretendo culpar a mi querido tío – pues asumo como adulto maduro la responsabilidad total por mi bienestar emocional actual – y sin entrar en detalle de los múltiples obstáculos, frustraciones, perdidas y desencantos que tuve en mi vida profesional y productiva en sus inicios, baste decir que los experimenté en más ocasiones de las que quisiera recordar, de una forma en ocasiones muy dolorosa y con excesivo sufrimiento propio y de terceros, incluyendo mis seres más queridos. Hablo no solo de pérdidas materiales, sino afectivas, familiares, pero sobre todo – y creo que es lo que  más he llegado a lamentar –de la credibilidad en mí mismo. Esta última condición se recrudecería en los últimos cinco años previos al arribo a mi cuarta década de vida, provocándome un sufrimiento interno tan intenso, que me paralicé casi totalmente en mis capacidades afectivas, emocionales y profesionales, llegando a buscar – a veces consciente, a veces inconscientemente – mitigar el sufrimiento causando por la sensación de incapacidad adoptando estrategias de supervivencia emocional y mental, que comprendieron desde la reducción voluntaria al mínimo de mis aspiraciones materiales (para no tener que enfrentar el reto de la creación de abundancia en mi vida), hasta la búsqueda de relaciones afectivas e interpersonales que rayaban en lo superficial, en lo inocuo, y ante las cuales era incapaz de comprometerme de manera significativa o duradera. Tanto así era mi miedo.

Tuvieron que transcurrir muchas cosas en los últimos diez años, para llegar a darme cuenta plena de la imperiosa necesidad que tenia de realizar una sola acción, de tomar una única decisión. Decidí enfrentar un reto tan sencillo pero a la vez tan imponente, tan necesario  para realizar una verdadera transformación de mis circunstancias en mi vida:

Sobreponerme a mí mismo.

Esto se ha convertido en un objetivo diario, cuya observancia me he impuesto como un mandato de orden superior, puesto que después de haber sido mi propio laboratorio, he comprobado que la única fórmula para vivir que me funciona a mí, es apelar al oráculo de mi interior para solicitar su orientación con el fin de convertirme en una mejor versión, corregida y aumentada, de mí mismo, de lo que verdaderamente siento ser cuando logro acallar el parloteo de mi mente y mis emociones descontroladas. Algunos incentivos para lograrlo pueden venir de fuera: familia, bienes, hogar, comunidad… pero la verdadera motivación – que preferiría llamar transformación, como ha sido, sigue y seguirá siendo mi caso – comienza en nuestro interior, en la generación de nuevas sinapsis entre las dendritas de las neuronas del cerebro, como resultado de una reprogramación voluntaria y consciente de todas esa información bien intencionada pero destructiva que nuestros cientos, miles de imponentes tíos Manuel colocan en nuestras inquietas mentes desde los primeras días de nuestra existencia, generación tras generación, y poco se hace para romper el círculo.

Continuando en el marco del alto total en tu vida mencionado anteriormente, y aprovechando sus sanadores efectos, te invito a que hagas memoria de todos los tíos Manuel de tu vida, a que identifiques las convocatorias a la nulidad y a los patrones en tu vida que alejan el bienestar, y una vez identificados, empieces por perdonar de corazón a esos tíos Manuel simbólicos y reales para que los puedas soltar de una buena vez y para siempre, mientras les dices, parafraseando a Mafalda, la tira cómica del dibujante argentino Quino: “… Los cheques de tus burlas no tienen fondos en el banco de mi ánimo…”

En conclusión, estoy convencido de que sobreponerse a uno mismo significa tomar ese cheque de burlas y escarnios involuntarios y bien intencionados, y romperlos en mil pedazos, aquí y ahora, en lugar de intentar cambiarlo por efectivo – o por salud, bienes o paz interna – en el Banco Nacional de la Amargura y Frustración.

Sobreponerse a uno mismo es no esperar ni un solo segundo más para hacer un alto total en nuestra vida, reconocer el terreno, buscar directrices y corregir el rumbo y motivos de nuestras más determinantes decisiones.

Sobreponerse a uno mismo, amorosamente y sin apegos infructuosos, es un deber casi sagrado  para con uno mismo y con la humanidad.

Hazlo ahora. Te lo debes.

 

Deja un comentario

Archivado bajo Uncategorized

Quedarse a solas

Hoy me he quedado a solas en casa. En mi pequeño departamento donde en el transcurso del ultimo año han transcurrido tantos eventos determinantes en mi vida. Es un lugar especial, donde hasta el mas mínimo detalles esta impregnado del color del alma, de la textura del silencia perfecto. Quedarse a solas no es quedarse solo, ni solitario. Quedarse a solas en el  hogar es conectarse con uno mismo, con el sabor bendito de una taza de te caliente que reconforma. Quedarse a solas es mirarse en el espejo del amor infinito por mi compañera de viaje, por mis hijos hermosos, tanto de sangre y herencia, como por afinidad y sincronía.

Quedarse a solase es para almas serenas; es aprovechar el momento para realizar actividades sencillas, como ordenar, lavar, limpiar aquí y allá, y al final, coronar el ritual con unas gotas de aceite aromático que en minutos permea la totalidad de mi espacio con el aroma de las flores del tabaco.

Quedarme a solas es sentarme a esperar, con fe y serenidad, la llegada de mis seres amados, e incluso, por que no, hasta del fin del mundo

Deja un comentario

Archivado bajo Uncategorized

¿Qué debo saber hoy?

 

Si considero que han pasado poco más de tres meses desde mi última colaboración a este espacio, y considerando que mis incipientes inclinaciones literarias han sido insuficientes para obligarme a sentarme de manera regular a plasmar en papel mis ideas, pensamientos y semblantes de lo que podría ser una vida personal y profesional fructífera y disfrutable, lo primero – después de esta ausencia no planeada – que se me viene al pensamiento es simplemente una pregunta:

¿Qué es lo que debo saber precisamente hoy?

Pudiera parecer una pregunta algo ingenua y simplista, ya que aparentemente no hay nadie frente a mi que haga las veces de interlocutor (en mi espacio privado, claro está, y sin incluir a mis lectores), y si la hiciera en voz alta, podría pensarse que estoy hablando con un “amigo imaginario”.

Sabiendo de antemano que los amigos imaginarios tienden a ser poco mas que condescendientes e indulgentes cuando así conviene a nuestro confort, desmiento e invalido sin pensarlo tan audaz teoría.

La pregunta va, mas bien, dirigida hacia aquel a quien percibo cuando cierro los ojos; es una pregunta formulada partiendo más de las base del ‘alto total’ y la introspección que de los pormenores de un hipotético devenir. Y – por qué no decirlo – es una interrogante formulada deseando subconscientemente rendirme ante un muy deseado poder superior a mi mismo, a una inteligencia y emoción suprema que todo lo envuelva, y que espero que, hoy por hoy, no me deje abandonado en un monólogo unilateral cuyo sonsonete sólo atenúe mis temores y preocupaciones ante lo incierto.

Espero que hoy, y todos los demás ‘hoy’ del resto de mi vida, sean escenario y proscenio de una elocuencia que haga innecesaria la especulación ante lo atemorizante y a la vez maravillosamente incierto de la vida en todos sus aspectos.

Deja un comentario

Archivado bajo Uncategorized

De por qué lo MIO es VITAL

 

En entregas anteriores en este foro, les he estado hablando acerca de ‘Lo MIO’, tanto para hacer referencia a aquello  que es vital para la existencia, de una manera intuitiva, esencialmente personal, que nos define y ayuda a darle un sentido a la vida (ocupación, vocación, etc.), como para describir un esquema de actividad cotidiana que abarque esencialmente dos aspectos del ser humano: el crecimiento personal y el profesional. Dos áreas de oportunidad para lograr obtener un tercer elemento como resultado: el equilibrio, y eventualmente, la paz y la abundancia verdaderas en cualquier aspecto que consideremos valioso y vital para nosotros. Estoy convencido de que estos dos aspectos son simbióticos e inseparables, y que el fracaso en uno inevitablemente nos lleva al fracaso en el otro.

Lo MIO, que además de hacer referencia a lo antes descrito, es también un acrónimo cuyas siguas representan un término más amplio – Modelo Integral de Oportunidades (MIO).

¿Por qué un Modelo?

Principalmente porque mi propuesta consiste en presentar una serie de conceptos, actitudes y actividades que pueden ser tomados como referencia para aplicarlos en la vida cotidiana y profesional, con el objetivo primordial de iniciar y sostener cambios significativos en todas las áreas de la vida.

¿Por qué Integral?

En base a experiencias personales he comprobado [“Ser el Propio Laboratorio”, Viadeo, http://tinyurl.com/3covhkw] que es totalmente inútil intentar mejorar nuestra realidad profesional o económica, sin antes detenerse [“Hace un Alto Total”, Viadeo, http://tinyurl.com/6b2ea2u] en un periodo de introspección, autoconocimiento y re-conocimiento de lo que yo llamo nuestros ‘estados internos’ (bloqueos, miedos, prejuicios inconscientes, emociones no resueltas, etc.). Estoy convencido de que por más que alguien con una corbata nueva y gran elocuencia nos diga enfáticamente, una y mil veces, que ‘somos campeones’, y que ‘todo lo podemos con voluntad’… no llegaremos muy lejos con el combustible de la manipulación y el optimismo exacerbado.

Como analogía de lo anterior, tomemos el ejemplo de un auto nuevo. Técnica y estructuralmente, un vehículo así es capaz de circundar varias veces el orbe. Pero sin aceite y debida alineación de las llantas y sistema de dirección, no llegará muy lejos. Mi propuesta es integral porque comprende tanto la correcta ‘alineación’ del sistema de dirección y el debido ‘nivel de aceite’ en la persona, sino también un buen sistema de sonido, calefacción y refrigeración para beneplácito de alma y cuerpo, respectivamente, así como la colocación de un GPS o mapa personal para saber exactamente hacia donde debemos (o queremos) dirigirnos.

Y finalmente… ¿Por qué de Oportunidades?

Es de Oportunidades [“¿Qué Significa Oportunidad?”, Viadeo, http://tinyurl.com/3s9c6hx] simplemente porque en el instante en que comenzamos a tomar conciencia de quienes somos, qué deseamos y hacia dónde queremos ir, después de haber pasado un periodo (horas, días, semanas) en un estado de alto total o introspección, experimentamos una oleada de energía vivificante que genera una nueva ventana de luz y esperanza en nuestra línea de tiempo personal, que puede definirse como una nueva posibilidad de dar un sesgo totalmente diferente a nuestro paso por la tierra.

Lo MIO, el Modelo Integral de Oportunidades, pretende ser una contribución, a través de más de veinte años de experiencias personales, y múltiples fracasos y éxitos, un esquema humanista, trascendente, una línea de acción que anteponga el contacto con nuestra naturaleza interna, íntima, perfectible, ante cualquier otro estímulo externo (publicidad, religión, manipulación mediática, desinformación, etc.) como requisito indispensable para la consecución de la prosperidad y la satisfacción en todas las áreas de la vida, pero principalmente en los cuatro aspectos que considero intrínseca y auténticamente vitales: físico, mental, emocional y sutil (o espiritual, aunque el uso de esta palabra puede malinterpretarse en una sociedad conservadora y judeo-cristiana como la nuestra, pero asumo el riesgo).

En posteriores artículos, hablaré de como el haber descuidado estos cuatros aspectos fundamentales se interpuso en mi progreso profesional, económico y material durante casi un cuarto de siglo de vida económicamente activa, y qué metodologías y estrategias personales y profesionales estoy usando con éxito para sobreponerme y prosperar, un día a la vez, sin importar mi edad cronológica (45) y al margen de políticas empresariales, creencias y cualquier otra limitante autoimpuesta, real o imaginaria.

Deja un comentario

Archivado bajo Uncategorized

Otra definición de ‘recuperación’

Generalmente, cuando decimos ‘recuperación’ nos referimos a la regresión a un estado más favorable – en cualquier sentido – a partir de un estado previo de malestar, enfermedad, desequilibrio o infortunio, independientemente de sus manifestaciones y escenarios.

Sin embargo, creo que existe otra acepción de la palabra con un sesgo menos dramático e intrínsecamente positivo, puesto que se trata de retomar aquello que nos define como seres únicos e indivisibles durante nuestro paso por la tierra. Hablo de la recuperación de actividades que se llevaron a cabo en el pasado y que por cualquier número de razones se dejaron de hacer, pero que intuimos que son ellas las que le dan un sentido especial a nuestra existencia.

Recuperar en este sentido, es sinónimo de retomar dichas actividades, después de haber dedicado un período de tiempo (un día, una semana, un mes, etc.) a la reflexión (alto total); de reconsideración y ponderación  de todo aquello que hemos definido en artículos anteriores como ‘actividades con alma’: en mi caso, se trata de actividades tan sencillas – mas no por ello menos importantes para dejar de disfrutarlas – como escribir, dibujar, cocinar, leer, hacer música, etc.

Sobre todo en tiempos como los que nos ha tocado vivir (aunque parezca frase ‘cliché’), el retomar, recuperar cualquier actividad, tema u ocupación que en el pasado nos haya hecho sonreír, darnos a nosotros mismos y a los demás lo mejor de nuestro entusiasmo y energía, es sencillamente imprescindible para ayudarnos a mantener el equilibrio emocional, espiritual y mental… lo cual se traduce eventualmente en equilibrio material.

Todos a recuperar!

Deja un comentario

Archivado bajo Uncategorized

Oportunidad

El significado de la palabra Oportunidad

Sin remitirnos a la etimología estricta de la palabra, creo que el término oportunidad es esa ventana espacio-temporal del transcurrir cotidiano en nuestra vida, que – cuando la identificamos y accionamos en consecuencia – conforme a nuestra intuición en el momento indicado, nos facilita la consecución de los objetivos previamente trazados por nosotros mismos.

Para la gran mayoría de las personas, la palabra oportunidad encierra tradicionalmente un significado esperanzador; es como obtener, a pesar de los errores cometidos en el pasado, una licencia de validez limitada para acceder a ese estado de cosas en que todo parece dar un nuevo y vigorizante giro, que es principio y puntal de un escalón en el ascenso hacia mejores condiciones de vida – material, emocional, mental o sutil.

Sin embargo, en esta convulsionada época en que el factor común en la psique colectiva es el miedo, pareciera que la necesidad de mejorar la calidad de vida en general se estuviera convirtiendo literalmente en un asunto de vida o muerte para gran parte de la humanidad. El error estriba en pretender que tales mejoras se lograrán colocando en manos de terceros la responsabilidad de dicha mejoría, a falta del ejercicio de nuestra capacidad de realizar los cambios necesarios por cuenta propia.

Es precisamente en este momento, cuando entregamos incondicionalmente nuestra esperanza de una mejor vida a terceros, quienes casi siempre son ajenos a nuestros intereses y afectos – gobierno, empresas, instituciones, etc. – y es ahí precisamente cuando ese instante conocido como oportunidad se convierte en una mercancía de fácil venta hacia gran parte de los habitantes de una nación. Surgen los falsos profetas, gurús y líderes carismáticos, que prometen venderte la fórmula infalible para que logres tus objetivos, la receta mágica que pondrá fin a toda escases, por el simple hecho de pronunciar un esperanzador y elocuente discurso que promete entregarte en bandeja de plata la oportunidad tanto tiempo anhelada. Te conviertes en presa fácil para quien identifica tu desesperanza. Y nada ni nadie te garantiza que, en esa búsqueda de oportunidades para ti, te conviertas simplemente en la oportunidad para otros.

¿Dónde, pues, está la verdadera oportunidad?

No existe una formula homogénea ni universal, aunque estoy convencido de que todo será mucho más fácil justo después de realizar un alto total en nuestra vida, como se mencionó en anteriores entregas, y una vez que tomamos la decisión de interrumpir nuestro incesante parloteo mental mediante la práctica de la meditación, nos será mucho más fácil identificar que la mejor definición del termino oportunidad es la ventana en el tiempo y espacio por donde entra el rayo de luz que ilumina la oscuridad de la maravillosa – pero a veces poco funcional – estructura cronológica donde la mayoría de las personas pasamos nuestros días.

Pero todo día gris es ilusión, es irreal, y con un poco de trabajo de nuestra parte, llega su fin. La oportunidad verdadera no está afuera, sino adentro de nosotros. En realidad, oportunidad es una epifanía que experimentamos cuando reconocemos y honramos la fuerza creadora que todos tenemos dentro, y que es capaz de responder por si sola a quien no la busca a gritos desesperados.  La oportunidad, como todo lo trascendente  en este universo, nos viene desde lo más profundo de nuestra conciencia, y se manifiesta en la forma de hechos y personas que sentimos alineados con nuestro propósito de existencia, y que se presentan cuando centramos nuestra atención en aquello que sentimos realmente nuestro, y a lo que podemos apelar cuando nos sentimos abandonados por todo aquello que está fuera de nosotros y escapa a nuestro control.

La oportunidad es elusiva ante quien le demanda, y se le entrega amorosa a quien la enamora desde sus cualidades y fortalezas intrínsecas.

Deja un comentario

Archivado bajo Uncategorized